viernes, 2 de marzo de 2012

Saltando en trampolín


A Natalia, no le da miedo el trampolín. Me imagino que cuando lo ve le vienen dos cosas a la cabeza: “Cuanto me encantaría saltar en trampolín” o “Se burlarán de mí”. ¿Por qué razón profe Brenda tiene que poner éste trampolín para enseñarnos a llevar el pulso? ¿Será que ella no sabe que se ríen de mí?
Cuando Natalia ve el trampolín sufre una clase de miedo distinta a la de saltar. Su miedo es porque es más rellenita que los demás.

En la fila para saltar y cantar, se acerca el turno de Natalia y solo escucho a los chicos diciendo “Lo va a romper” “No podrá hacerlo” y algunos con tono más ofensivo aunque fuera un relajo “Si Natalia salta no podremos saltar nosotros porque estará roto”. Al llegar el turno de la pequeña Natalia, solo alcanza a colocar un pie, cantar rápido la canción e irse a sentar. Me imagino que muchas ideas le vinieron por la cabeza. Su autoestima fue pisoteada.

¿Cuántas veces nos pisotean sin darnos cuenta?, ¿Nos tratan como basura? ¿Nos recuerdan la cantidad de defectos que tenemos? Tal vez tus defectos pueden ser que seas cojo, o que tengas los ojos pequeños, o que tengas una oreja más grande que otra, o podría ser que tengas la nariz de cerdito. Yo realmente no sé, lo que si sé es que ¡Dios se tomó el tiempo para crearte totalmente diferente! Incluso a los que son gemelos.

Realmente este escrito no solo tiene referencia a la autoestima física, sino también a otro tipo de autoestima, y es la que nos mueve al poder de Dios.

Alguien una vez me decía, ¿no entiendo por qué razón Dios me utiliza con tanto poder, y me permite percibir lo que necesita la asamblea? ¿Por qué Dios me utiliza sin yo ser el más santo y el que más ore? ¿Qué quiere decirme Dios con todo esto? La gente se ha sanado con palabras que salen de mí sin darme cuenta… pero ¿por qué?. Pienso que Dios tiene una única opción y  una sola tarea escrita en su agenda y es amarnos. Nos ama aunque seamos ofensivos con el hermano, aunque tropecemos con lo mismo, y tiene tanta misericordia de nosotros que nos lo demuestra manifestando su amor. Podríamos muy bien quedarnos callados y no dejar que se manifieste su poder, o por el contrario confiar en que podemos saltar en el trampolín y no se romperá.

No estoy diciendo que la oración no sea importante, pero estamos más preocupados por lo “malos y pecadores” que somos sin acercarnos a él,  que por el poder y la misericordia que tiene Dios con sus hijos. Tal vez por esa razón el Señor se manifiesta con poder cuando viene uno con un corazón que sinceramente no podría saltar en el trampolín sin él.

Para acercarnos a Jesús no necesitamos ir a gimnasio y ponernos flacos a base de dietas y pastillas, ¡no!, mucha gente ha caído en el error de querer resolver sus problemas solos, y se ponen a ordenar su casa solos y se cansan en el intento, buscan y tratan de ser los más perfectos, cuando no nos hemos dado cuenta que estando con Jesús es que se logra todo esto. Venir mejor con la realidad de nuestra vida nos ayuda a saltar más alto, porque saltamos Jesús, Dios, el Espíritu Santo y yo.

Jesús conoce cada una de nuestras equivocaciones y el por qué pasan. Que mejor forma de aceptarnos y “cambiar” que acercándonos a él. Acércate a Jesús y salta con él sin miedo en su trampolín, sin miedo a que se rompa y otros no puedan saltar, ya que quien lo sostiene es el mismo Jesús.
Al final de la clase, me senté con Natalia, hablamos un rato y le dije lo mucho que Dios la ama y lo valiosa que es, ella comenzó a llorar me abrazo y me dijo “Gracias pro-fe”


Yo confío en que ella puede, ella confía en que yo estaré allí. Casi como Jesús ¿verdad?