miércoles, 4 de mayo de 2011

ON-OFF



Apago el piano
pero a ti no
tu permaneces
encendido

tienes siempre ganas para mí

a veces yo no tengo
ganas
de orar
de estar
de caminar
tu luz me transforma

tú permaneces ON
aunque yo esté en OFF
mi cansancio
nunca me impide
escuchar tu voz
llamándome

oh Jesús, Jesús
soy pequeña para alcanzar
mi interruptor
has puesto el tuyo en mi corazón
en mi mente
en mi camino
no tengo que encenderlo
para que estés
sin embargo
tengo que encenderlo
para estar.

sábado, 30 de abril de 2011

¿Arriba o abajo?




Si la lluvia
lloviera hacia arriba
las sombrillas fueran tablas se surf
las canciones y poemas
que alguna vez
la compararon con las lágrimas
quedarían fuera de moda
y las calles dejarían de quejarse
por la lluvia que antes las golpeaba

si la lluvia lloviera hacia arriba
gracias a Isaac Newton
volverían a caer hacia abajo
y fuera mejor
porque entonces
si la lluvia lloviera hacia arriba
dejaría de crear melodías
que a veces en calma
ella crea
contándonos
sus secretos…

¿cuál será el idioma de la lluvia?
tal vez el que habla el reloj
a través del tic tac…
yo realmente no sé
pero de lo que sé
es que la lluvia nos dice algo
en cada flor
que comienza a crecer por su culpa
en cada beso
que comienza a esparcir
cuando alguien
sediento la pide
y abre su boca
para recibirla
en cada ser
que decide
dormir en sus brazos

si la lluvia lloviera hacia arriba
fuera otra cosa
pero no fuera lluvia.

jueves, 28 de abril de 2011

Las estaciones.



Recuerdo la vez
en que mi amiga la de allá
me dijo en su perfecto inglés
¿y tú, has visto nieve?
y yo le respondí
never he visto nevar
me miró sorprendida
hizo un escándalo
no puede ser ¿en serio?

Jesús yo conozco de ti
Solamente
el Caribe
el sol de verano
el aire tropical
llévame
sin embargo
a conocer
tu invierno

he recibido de tus estaciones
la brisa matinal de primavera
el caluroso verano en la arena
lluvias de hojas de otoño
pero quiero sobre todo
conocer tu invierno
y mezclarme en lo blanco
de tu alma
armar un escándalo
conociendo
los distintos “tú”
integrados
en ti

hoy busco
caminar las estaciones
de tu infinito amor
de tu grandeza
que me dicta despacio
que tienes un espacio para mí.

Dios ¿Incómodo?



Salí del conservatorio apurada ya que dos de mis amigos celebraban su cumpleaños, entre el tapón y la lluvia, pude llegar a una farmacia a comprar unos chocolates para el regalo que tenía en mente, de repente el encargado se me acerca y me pregunta, ¿necesita ayuda?, mi respuesta instantánea fue un “no, todo bien”… no habían pasado 5 minutos en los que yo me deleitaba buscando un chocolate y vuelve a preguntarme “¿necesita ayuda?” a lo que vuelvo a contestar entre una sonrisa de conformidad “no, todo bien, gracias”… esta conversación se repitió 4 veces en lo que estuve allí, ya mi “Gracias” era con una entonación diferente. Cabe decir que salí totalmente incómoda, que no quiere decir inconforme por el servicio… incluso a mis adentros pensé “La atención es demasiado buena que molesta…”

Cuando me dispuse a entrar en mi vehículo a toda prisa ya que si me volvían a preguntar si necesitaba ayuda iba a estallar y sinceramente no sé ¿Por qué? De repente recordé una frase que un sacerdote me dijo… “Dios… ¡Dios es un dios INCOMODO!” retumbo en mi mente, sí, Dios es tan bueno, tan perfecto, tan divino que incómoda. Aceptar a Dios es bastante incómodo, que no llegamos a cuadrar en su plena y absoluta grandeza. Es difícil aceptar que nuestros errores definitivamente están mal, es muchísimo más fácil adaptarnos al pecado, darle largas al asunto en vez de resolverlo, pero cuando llegamos a conocer a Dios los pecados nos pesan, y nos sentimos como un muchacho que recién estrena ropa nueva, se come algo y se ensucia antes de visitar a su novia, no puede sacarse de la cabeza la pequeña mancha que tiene en su nueva camisa y no tiene otro remedio que devolverse a cambiar de ropa.

Pienso que Dios es incómodo no porque quiera, sino porque es así y punto. Su mensaje es radical, extremo, poderoso, pero tiene algo que es más incómodo aún, te acepta. En Dios no hay desprecio, no hay odio, no te mira con ojos justicieros esperando dar el veredicto final, nos busca tanto que nos incómoda, nos pregunta a cada instante ¿necesitas ayuda? Y aunque le contestemos con un rotundo “¡NO!” Él nos responde con insistencia.

Dios calificado de incómodo, nos ama, nos consiente y sobre todo no nos abandona…
Dios calificado de incómodo, solo tiene un calificativo para ti “Mi deleite”. Sí, ¡definitivamente Dios se deleita en ti!, entonces ¿por qué otra razón te buscaría? Tú le apeteces siempre. Hoy por ejemplo tengo un gran antojo de hamburguer, pues Dios siempre tiene grandes ganas de ti. Ese es el Dios incómodo, que en su perfección se hace pequeño para amarnos.

miércoles, 27 de abril de 2011

Merodeas


Merodeas
como las miradas
de una chica
cuando le atrae un muchacho
merodeas
como el sonido
de una barriga hambrienta
que observa
un apetitoso plato
el cual deleita a otro
merodeas
me persigues
me inquietas
tus miradas
me son
como dos conocidos
que se desconocieron
y se volvieron a reconocer
cuando merodeas
mi vida se hace tuya
sin pensarlo.

Necesito un amigo, necesito a Jesús.



Es fácil mi tristeza
te necesito
no me siento sola
ya que tengo muchos amigos
amigos ruidosos
cariñosos,
apoyadores
amigos preocupados
distintos
raros
poco cuerdos
pero simple y sencillamente
te necesito
aún cuando mi vida este llena
de sueños
amor
cariño, alegría
incluso dinero
algo me falta
me faltas tú
necesito un amigo
que solo este allí
que sin mucho decir
me diga todo
que me hable
a través de su mirada
que sea parte de mí
y que entre los dos
seamos sinceros
poder leerte
como un libro que me invita
a conocerte más
y que puedas leerme
como quien no juzga
mis viejas páginas
que entre el polvo
esconden
un dulce amor por ti…
necesito un amigo
necesito a Jesús.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Por los aires.


Cuando mami era pequeña, es decir hace unos años, sus hermanos mayores que ella, la colocaban en una hamaca, sostenida por una soga que amarraban a un árbol y la lanzaban dentro de ella al vacío. Una y otra vez repetían este juego. Mami lloraba y suplicaba que la bajaran de allí, sin embargo sus hermanos mayores que ella se reían y burlaban de su travesura, pensado que si lo hacían muchas veces podrían quitarle el miedo. Esa era una de las innumerables aventuras que mi mamá vivió a través de sus hermanos.

Esas experiencias marcaron su niñez, impidieron a mi madre disfrutar de alguna de las cosas que hacemos de grande. Por ejemplo, hace tiempo la familia decidió ir a un parque de diversiones. ¡A mí me encantan!, pero mi mamá solo nos observaba horrorizada desde abajo. Repitiéndose en su mente: ¨Ellas están a salvo¨, mientras nos miraba con sonrisas gigantes y los brazos extendidos tratando de alcanzar el cielo. Que divertido era para nosotras, pero que espantoso para mi mamá.

Conocer a Dios a veces nos avergüenza, nos asusta, nos aterroriza. En especial su tercera persona, el Espíritu Santo. ¿Será porque nos han presentado alguien que se supone es Dios? ¿Tal vez tenemos una imagen distinta de su amor, de su aventura y decidimos no experimentar el parque de diversiones por un recuerdo pasado de ¨Dios¨? ¿Cuántas veces hemos manipulado con Dios, para que los demás conozcan a ¨Dios¨?

Recuerdo la vergüenza que me daba alabar a Jesús. Asistía a un grupo de oración pequeño, y por turnos alabábamos a Dios. Yo era la temerosa que escuchaba en silencio, deseosa de abrir mis labios, pero permanecían cerrados ¿Pasaba algo conmigo?... no, solo estaba conociéndolo, poco a poco, sin presión, él fue abriendo espacio en mi corazón, mientras se lo permitía. ¿Se imaginan si uno de los del grupo, me presionara y me dijera ¨Hey tú, la chiquita, te toca a ti¨? Creo que saldría asustada corriendo y le diría a mis padres, ¨Dios me está presionando a lanzarle algunos piropos¨ ¿Será ese el Dios que conocemos?

Dios es un tipo que nos deja libres, que nos permite conocerlo poco a poco, cuando vamos conociéndonos más y más. ¿Cuánto te conoces a ti mismo? A veces andamos buscando respuestas en otras personas, y solo nos encontramos con dudas más grandes. Incluso llegamos a perdernos entre esas dudas y decidimos que Dios, no nos conviene.

¿Cuáles son tus imágenes de Dios o cuáles son las imágenes que te han presentado? Me doy cuenta que cuando me porto mal, siento una mirada frente a mí ¨justiciera¨ recriminando mis acciones. ¿Será esa mi mirada, la cual equivoco con la de Jesús? Muchas veces me ha pasado, pero poco a poco voy pidiéndole un cambio de escenario. Ya no quiero vivir con mis ideas de una hamaca y unos hermanos ayudándome a ser grande, quiero más bien montarme en su montaña rusa, y descubrirlo allí, sosteniendo mi corazón y sonriendo por la gran aventura de estar vivos en ¡él!

Conexión.


Hace unos días, mis primos estaban en casa. Si supieran ustedes que leen estas líneas, cuánto amo a mis primos, sé que un toque de ese amor llegaría a ustedes, porque es grande. Pero para mí a veces no es tan grande como para ir a donde van, hacer lo que ellos aman y despegarme de mi ¨comodidad¨. Para ser Iglesia con ellos.

Ese día con mis primos, surgieron los recuerdos alegres como dolorosos. Esos últimos ya se narran como en relajo, para reírnos del pasado y así sanar. Contaban una de las historias que involucró, familia, policía, delincuentes, confusión, sangre y balas. Tanto así que uno de ellos cayó en muy mal estado, enfrentándose a la muerte. Hicimos todo lo necesario, oramos. La oración, cuentan algunos, fue tan gloriosa esa noche que muchos en familia, pudieron experimentar la presencia de Dios, viva y palpable. Todos entre el relato, coincidieron con haber sentido esa maravillosa presencia. Así sanó mi primo, y todo volvió a la normalidad.

Muchas veces conformamos a Dios. Pensamos que él solo está para esos momentos en los que hay que orar por algo grande, ya que se necesita algo GRANDE dígase Dios, que ordene la situación. Yo quisiera un día llegar a una de las reuniones con ellos, y decirles vamos, oremos, presentemos también nuestras pequeñas necesidades, esas que no te has atrevido a contar aquí, porque son muy íntimas, dolorosas, penosas, ven, vamos a consolarnos juntos.

Yo no soy nada perfecta. Mi corazón está rodeado de imperfecciones. Lo peor de mí creo es mi egoísmo. Encerrarme en un lugar donde pueda buscar y hallar la santidad, despegándome incluso a veces de los que amo. Porque eso era para mí hasta hoy el seguimiento total de Jesús, buscar la santidad, buscar no ver, oír, tocar, cosas que puedan ¨alejarme¨ de mi encuentro con Jesús (como si él se me fuera a escapar).

¿Entonces qué será el seguir a Jesús? ¿Desconectarme de los que aprecio y amo, con los que anhelo con ansias compartir a Dios? Sí, claro que oro por ellos, pero algo en mí dice, ¡no basta!, no basta que estés cómoda, que estés tranquila, hace falta un seguimiento radical. Hace falta no solo el sentirme necesitada de su amor, sino ser amor para los demás, ser el oído, ser amiga, hermana, estar allí, y que los demás puedan también involucrarse en mi vida.

Recuerdo que en el colegio, todavía no había tenido mi encuentro personal, cara a cara con Jesús. Una de mis mejores amiga sí. Ella lo conocía, sabía quién era. Además tenía su propia comunidad, una gran familia. Muchas veces ella dejaba de ir a fiestas de cumpleaños, de ir al cine, de salir con nosotras, porque tenía que cumplir con su comunidad. Nos molestaba, porque queríamos que compartiera con nosotras. Cuando llegó mi momento de tropezarme con Jesús, Él me miró y me enamoré. Luego le dije a mi amiga ¿por qué no me dijiste antes? ¿Por qué no me habías invitado a conocerlo? Y me di cuenta de lo que me había estado perdiendo.

No te digo que dejes de ir a la Iglesia, que dejes de orar, que dejes de hacer cosas, sino más bien que agregues algo más. Pasa tiempo con los que amas, presenta a Jesús, vívelo, búscalo en los que lo necesitan. Eso, también me falta a mí. Hagámoslo juntos. A veces solo falta, conectarnos para conectar.

martes, 15 de junio de 2010

Bu! digo Toc toc… no te asustes es Jesús.



"No temas, porque yo estoy contigo" Isaias 41, 10

Me levanté, y lo primero que hice fue ir al baño, cuando abría la puerta como todos los días, entre un sueño todavía plasmado en mí, Puf! Una mariposa negra sale a mi alcance… allí se me fue toda muestra de sueño y comencé a correr y a gritar por toda la casa, con la mariposa volando tras de mí. Aproveché la primera oportunidad y me encerré con destreza en una habitación. Respiré aliviada y pensé, ¿Por qué razón le corría a una mariposa?

Yo como muchos, le tengo miedo a muchas cosas, un ejemplo son las mariposas negras, la cucarachas, los ratones, las películas de terror (siempre he pensado que está bastante loco el que paga un cine por ir a asustarse). Incluso me da mucho miedo que me asusten. Desde pequeña mi familia se dio cuenta de este defecto y cualquier ocasión la tomaban para “¡Bu!” asustarme. Una vez planifique darle un susto a Shara mi hermana… y cuando esperaba impaciente tras el clóset, con una sonrisa entre mis labios imaginándome el susto que se iba a tomar, con la respiración retenida y el corazón latiéndome fuertemente… entra Shara lentamente, abre el closet y aprovecho la oportunidad y grito “¡BU!” caí asustada del miedo con mi enérgico “¡BU!” y Shara se desplomó muerta… pero de la risa.


El miedo, nos impide avanzar (cuando lo miramos de manera negativa), hace que nuestros pies se detengan, que nuestro corazón se paralice y que nuestra mente no genere. Pienso que ese es el primer mal de un grupo de oración, cuando no se enfoca de manera positiva. Una vez en una de mis clases de música, el profesor nos contaba su experiencia y decía, “Aquel que le gusta la música, que vive la música y que le apasiona la música, debe mostrarse así cuando está entre un espectáculo, un examen de piano o en cualquier presentación, porque debe comprender que su pasión por la música es más grande que el miedo que lo arropa, debe hacer que la gente disfrute incluso su miedo” y luego terminó diciendo “Si no puedes disfrutar esto y vencer el miedo, puede ser que esto en lo que estas no sea lo tuyo” Hubo un silencio rotundo en el salón y todos nos fuimos pensativos.


Si te encanta Jesús, te apasiona Jesús, si Jesús vive en ti y lo sabes ¿Por qué no te lanzas? ¿Por qué no te dejas caer? Que no te diga la gente que esto no es lo tuyo, porque Jesús es para todos.

Y si te pasa como a mí, que tras planear la jugada de asustar a Shara, salí asustada yo, no importa, lo intentaste… lánzate a predicar, animar un grupo, evangelizar, llevar el mensaje de Dios como mejor sepas… me encantan los muchachos que se me acercan en el grupo de oración y me dicen “Bren, tengo nuevas ideas, quiero ayudar, me gustaría… estoy dispuesta” El espíritu Santo está despierto, despertando nuevas personas, un nuevo servicio, un nuevo plan de arranque.


Anímate a iniciar la oración, no a quedarte pensando “¿Quién iniciará esto?” Nunca harás algo tan trágico que pueda cambiar el transcurso del mundo, pero cuando inicias, arrancas y llevas ese ánimo de Espíritu Santo, haces algo maravilloso que cambia el transcurso de otros corazones.


¡Ánimo, Jesús está vivo y espera de tus manos, tu corazón, tu mente para seguir obrando, que no seas tú de los que anhelen llevar el mensaje, sino más bien de los que arranquen primero!

martes, 8 de junio de 2010

El sol, la playa... y Jesus..



Hace mucho que no iba a la playa, me encanta la playa, tirarme en la arena, y respirar el aroma del mar. En el fin de semana tuve la oportunidad de tirarme en la arena y darme una lluvia de sol.


Siempre he dicho que la playa guarda un secreto. Sentada en la arena, comencé a preguntarme cuales serían esos secretos de los que tanto habla el mar. Entonces emprendí el camino. Caminaba sin rumbo fijo, pensando en mi vida, mis planes, en Dios, la familia y el noviazgo… (No sé porque razón cuando uno está solo, piensa mucho en estas cosas) de repente, parada en la orilla escuché la voz de Jesús que decía « Ven y sígueme » me sentí como Pedro, en la barca, y decidí salir de allí para seguirlo, miré hacia abajo, y comencé a buscar las huellas de Jesús.

Eran tantas, me encontraba perdida, mientras más avanzaba otra de las pisadas se interponía en mi camino, y no podía encontrar cual de todas era la del Maestro. Incluso, decidí acercarme un poco más a la orilla, y solo obtenía una respuesta de olas espumosas que borraban las pisadas hechas por Jesús o por otros. Estaba bien confundida.

Me senté sin ganas, ya no quería caminar, « Que decepción » pensé, si seguir a Jesús es tan agotador, mejor me quedo aquí, pero volví a escuchar la voz… « Ven y sígueme », « que fácil para ti eh! » me atreví a decirle. Y volví a la carga. Caminar sobre la arena con sandalias es bastante incomodo, se entran granitos de arena a jugar entre los dedos de tus pies, y nos resulta bastante difícil caminar. Por eso decidí quitarme las sandalias, cuando las tomé entre mis manos, sentí como mis pies se sumergían en la arena, y comenzaban a trazar sus propias huellas. Para colmo descubrí cómo la arena te da masajes personales, cuando decides desprenderte poco a poco, de tus pensamientos, de tus planes, de tus ideas, y se lo dejas a ella.

No me importaba que mis trazos los borrara el mar (cuantas veces uno a querido ser reconocido en el camino), tampoco me importaba que mis huellas se entremezclaran con otras huellas, eso no pasaba por mi mente (cuantas veces juzgamos otras huellas, otras pisadas, otras formas de andar) y caminé. Caminé hasta agotarme, y vi todavía al mar como mi fiel compañía.

Entendí lo que es seguirte Jesús. Seguirte es dejarse tocar por ti y limpiar… por eso pienso que has hecho la arena tan cercana al mar, para que limpie, para que borre, sentimientos de rencor, de envidia, de orgullo. Para que incluso borre planes y sean tus planes los que dirijan nuestros pasos.

Nunca encontré tus pisadas, pero, si sentí las mías más firmes, seguras, convincentes, y me di cuenta al fin, de cómo me acompañabas, dentro.