lunes, 17 de septiembre de 2012

Retrovisores.


Me robaron los espejos retrovisores laterales. Por primera vez me doy cuenta de lo importante que son estos espejos en la vida del conductor. Fui a recoger el carro a casa de una amiga de mi hermana, y  cuando me entregó las llaves y entré al carro me percaté de que tenía el carro sin espejos. Fue indignante por un momento saberse robada. Hoy camino al trabajo me decía a mi misma, que difícil es manejar sin esto, no puedo darme cuenta de quién viene o no, a quién darle paso, y cómo avanzar.

El sábado me invitaron a dar un tema sobre “La aventura de seguir a Jesús”. Creo que seguir a Jesús y su mensaje radical es todo un reto, esto es para valientes, aunque te tachen de miedoso, entre otros calificativos, pero despreocúpate, Jesús te da herramientas para ser todo un valiente.

Adentrarse a esta aventura es dejarlo todo, ¡sí! TODO para seguirle, incluso hasta lo que nos parece absurdo dejar. Pero creo además que la aventura de seguir a Jesús es aunque nos enseñaron que NO en charlas de superación personal: “Mirar hacia atrás”. Jesús está en todas partes, pero Jesús también nos sigue. Nos sigue en ese amigo que todavía no se ha lanzado a la aventura, nos sigue en el de atrás, en el que no sabe qué camino escoger, en el pobre, el enfermo, el que está en guerra y el que incluso está feliz.

Jesús nos sigue en todos. Jesús tiene esa manía. Sin embargo hay que recordar no solo ver a Jesús en el hermano, sino también valorar al hermano por lo que es, por lo que representa, por cómo viene, por sus cualidades y sus debilidades, por su búsqueda, no amarlo solamente por Jesús. Amarlo como a ti mismo.

¿Te has detenido a mirar hacia atrás y ver darte cuenta del que pide tu ayuda? ¿Se te han conmovido las entrañas al ver al que está detrás de ti? ¿Te has compadecido del que sufre? Ese puede estar pintado de cualquier manera, no solamente una pobreza material sino también la del alma.

Si María Magdalena no hubiera mirado hacia atrás, no se hubiera percatado de la presencia de Jesús en el sepulcro cuando este apareció resucitado (Juan 20, 14). Miremos hacia atrás y veamos a Jesús. Si Jesús no hubiera mirado hacia atrás no hubiese consolado a las hijas de Jerusalén (Lucas 23:28-30). Miremos hacia atrás y brindémosle una oportunidad a la compasión.

Hoy agradezco locamente el que fueran robados mis espejos retrovisores, para darme cuenta de la importancia de mirar hacia atrás y ver quien está en la fila, y a quién tengo que dejar pasar, no hacerlo mecánicamente, sino porque me importa. A veces nos quejamos y nos irrita ese que viene a toda velocidad a abalanzarse sobre mí, ese que no me da paso, ese que pertenece a una sociedad que “no ha cambiado”, pero sin embargo, seguir en esta aventura del amor es el verdadero seguimiento de Jesús, es abandonarse a sí mismo, cargar la cruz y seguirlo.